Pizzas caseras con diversión

Las pizzas caseras pueden convertirse en una comida deliciosa que, además, tendrá tras de sí el mérito de haber sido cocinada y no comprada, el ingenio de haber sido pensada y la creatividad culinaria.

Lo primero será comprar las bases de las pizzas, que estarán disponibles en diferentes tamaños y grosores. Aunque, ya que estamos abogando por la vía casera, también está la opción de cocinar la propia masa, para lo que habrá que contar con ingredientes tales como harina, levadura prensada, un poco de sal, un poco de azúcar o aceite. Es fácil cocinar la masa, lo primero será darle la forma con la harina y el agua, que deberán dejar un hueco o volcán en el centro para poder introducir los líquidos; una vez que los líquidos se han disuelto, lo próximo será añadir la levadura, empezar a mezclar la harina; luego tendremos el pegote de la masa, al que habrá que dejar descansar para posteriormente moldearla y dejarla secar.

Una vez que el trámite menos divertido, el de tener disponible la base de la pizza, está resuelto, la diversión y la imaginación tienen que entrar en escena. Podríamos seguir una de las cientos de recetas para pizzas que hay, pero lo que mola de verdad es innovar, improvisar y verter sobre la masa aquellos productos que creamos convenientes, que nos gusten o que estimemos que pueden obtener un sabor rico al combinarse con otros y salir del horno.

Poco común es, por ejemplo, que las pizzas convencionales tengan kétchup, mostaza, gaucha o mayonesa; ¿por qué no vamos a darle a nuestra obra un toque canalla y transgresor?, adelante, el calor del horno se encargará de mejorar sus texturas incluso. Tira de creatividad, recurre a los cajones y a la despensa. Atún de lata, tomate frito, verduras cotidianas… Juega con las especias, eso sí, sin pasarte. Apuesta por las anchoas, que darán un toque salado a la pizza que no lograrás con la sal. La masa debe ser como un lienzo en blanco, así que a pintar, es decir, a cocinar.