Las migas

Las migas son unos de los platos con más historia de la cocina española, siendo también conocidas como migas ruleras o migas de pastor. Para ver sus orígenes, tenemos que tener presente cómo esta genialidad gastronómica, sencilla y deliciosa, está asociada a la trashumancia en las tierras de España; los pedazos de la miga de pan tostado componen el grueso de esta comida, que varía en sus ingredientes en función de la zona geográfica en la que se prepare.

Sin embargo, tal vez el origen de las migas esté en el periodo de Al-Ándalus, con el tharid musulmán como escenario; en los territorios cristianos de la reconquista, para diferenciar la comida de los árabes, se cocinaba añadiendo pequeños trozos de grasa de cerdo frita.

Hace siglos, las migas se utilizaban como una comida propia del desayuno, aunque sin embargo pasó posteriormente al almuerzo y una periodicidad semanal. Se trata de un plato castizo, saboreado por los paladares más exquisitos o por los humildes. Suele aparecer como tapa en multitud de bares de nuestro país; la popularidad de las migas es tal, que incluso se celebran fiestas monográficas y concursos anuales con este plato como protagonista, cocinado en sus diferentes variables.

Desde León hasta Andalucía, pasando por Murcia, la forma de cocinar las migas varía, pero el pan sigue siendo el eje indiscutible. Lo primordial para enfrentarnos al cocinado de un plato de migas es disponer de pan, mejor si es de días anteriores, que luego será troceado en una serie de pedazos, embadurnado en agua y cubierto de unos toques de sal; por otro lado, ha de ponerse a calentar el aceite. Como complementos del plato, deben freírse ajos y torreznos y agregarse piezas de chorizo. Finalmente, habrá que proceder a la mezcla definitiva, en la que el pan debe quedar suelto, bien frito y a merced del sabor del resto de ingredientes. Y una vez listas para servir, si las migas se acompañan de un buen vino, son un manjar todavía más exquisito.

Desayunos por el Mundo

Hay toda clase de desayunos, ligeros y rápidos, pesados y espléndidos, que varían según el país, el criterio para determinar qué debería tener la primera comida del día, debe ser por raíces históricas y estilos de vida llevados a cabo en cada región del planeta.

En España los desayunos varían muchísimo según la región en la que te encuentras, pueden haber embutidos, tostadas, fruta y otros alimentos, en Alemania se suele desayunar con salchichas, panecillos y huevos cocidos, en el Reino Unido tomates grillados, huevos fritos y también salchichas. En Latinoamérica, los brasileños favorecen las tostadas con jamón y las frutas, en Venezuela están la arepa y las frituras típicas como los tequeños, pastelitos y empanadas, y en México favorecen las tortillas y frijoles, en el medio oriente la pita con diversos contornos puede ser un típico desayuno, y así sucesivamente, hay muchas diferencias, quizás una diferencia mayor aún a la de los platos típicos que comemos en almuerzos y cenas.

Aunque la mayoría de los países podemos estar de acuerdo en algo, la bebida ideal para el desayuno es el café, todos estos platillos en el mundo suelen ser acompañados con café, ¿Será por sus propiedades energizantes? ¿Su refrescante aroma? ¿O alguna costumbre que simplemente nos dejaron nuestros padres?, depende de a quién se le pregunte.

En ésta era del fitness, hay debates sobre si un desayuno debe ser repleto y pesado, o si debe ser más ligero y finito, algunos dicen que es la comida más importante del día y como tal, debería contener porciones importantes de todos los nutrientes. En cambio, el otro lado dice que la vida moderna está full de movimiento y actividad, velando para hacer del desayuno una comida ligera que no nos pese al momento de estar en nuestros trabajos, universidades, colegios o ejercitándonos, y que el rol de comida más pesada debería tomarlo el almuerzo, lo cual es válido también. Lo importante es comer aunque sea tres veces al día y mantener un estilo de vida sano, ¡Buenos días y buen provecho!

Gastronomia castellana

La gastronomía española está llena de secretos y de matices en cada uno de los rincones y territorios que conforman el país. Tanto en el sur como en el norte, los paladares quedan a buen recaudo, fruto de una larga tradición de recetas que han ido transmitiéndose de generación en generación. Castilla y León es una de las comunidades españolas que continúa preservando la riqueza cultural y gastronómica de sus platos más emblemáticos.

En la comarca de la Maragatería, en la provincia de León, se continúa cocinando uno de los platos con más enjundia del país, el cocido maragato. La historia de este plato nos lleva hasta los trabajadores del campo que antaño se alimentaban una sola vez al día en esos duros días de trabajo. Y es que el cocido maragato está compuesto por una serie de ingredientes de clara evocación campestre.

Para la correcta puesta a punto del cocido maragato deberemos contar con sopa, berza y garbanzos. Pero hasta siete carnes han de dar sentido a esta comida, toda una seña de identidad en poblaciones de León como Astorga, Santiago Millas o Castrillo de los Polvazares.

Como característica, este cocido debe servirse con las carnes en primer lugar, con las verduras a continuación y con la sopa en última instancia. A la hora servirlo, hay que recordar los tres vuelcos y que se sirve al revés. Se cocina de una manera lenta y afanosa; las carnes se cuecen, dando lugar esta ración al caldo que después dará lugar a la sopa, mientras que para el final debe quedar la introducción de los garbanzos en una estameña.

En lo que a la ración se refiere, en la actualidad se suelen combinar hasta doce tipos diferentes de carnes, apareciendo entre los ingredientes de la receta chorizo de fiesta, oreja de cerdo, morro de cerdo, paletilla de cerdo, carne de vaca, cecina, tocino, pizpierno, costilla de vaca o huesos de sustancia.

Literatura y gastronomia

Cada distinto lugar de la geografía española aporta su particular contribución a la gastronomía nacional con platos y recetas cargadas de historia y de tradición. Pero si queremos encontrar un plato español por excelencia, debemos viajar hasta la Mancha o releer la primera página de la inmortal novela de Miguel de Cervantes ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’, donde se puede leer que Alonso Quijano comía los sábados “duelos y quebrantos”.

Pues bien, los duelos y quebrantos son un plato repleto de calorías que podrá dar a quien lo come la suficiente energía como para emprender la aventura que sea necesaria, un desayuno típico. Entre los ingredientes que conforman esta delicia gastronómica española se encuentran un par de huevos, una cebolla, en torno a ciento cincuenta gramos de jamón, en torno a ciento cincuenta gramos de tocino o tocineta, medio chorizo de sarta y dos sesos de cordero como añadido optativo.

Los duelos y quebrantos suelen servirse en una cazuela de barro que aporta comodidad para quien lo ingiere, pero también una estampa castiza donde las haya. Lo primero que se debe hacer para cocinar este plato es trizar la cebolla en plumas y cortar en rodajas el ajo si optamos por agregarlo también; a continuación los pochamos.

El segundo paso sería rehogar durante unos minutos una serie de conglomerados que habremos hecho con el pochado anterior, con el chorizo, con el jamón y con el tocino, de manera que haya quedado todo bien prensado en una especie de cuadraditos; por otra parte, habrá que ir friendo los huevos. Más tarde, habría que distribuir todo lo frito en el plato y ponerle encima un huevo frito o dos.

Optar por añadir a la fritanga sesos de cordero cocidos y rehogados es otra posibilidad nada desdeñable, esta modalidad es la más deseada de cerrajeros Barcelona para comer en los días de mucho trabajo. El caso es tener como resultado esta especie de tortilla con potentes aditivos cárnicos, a la que bajo ningún concepto debe faltar un buen pan. Y si encima hay buen vino que acompañe, pues…

Gazpacho andaluz y Salmorejo

Al llegar el buen tiempo a nuestro país, hay una serie de alimentos y de platos que ganan peso en la mesa de cada caso o restaurante, aunque por supuesto también puedan ingerirse a lo largo de todo el año. El gazpacho andaluz y el salmorejo son dos de esos platos estrella que aparecen en el verano para introducirse en la carta de los españoles.

Y es que gazpacho y salmorejo comparten muchas cosas y tienen en común diversas premisas alimenticias; ambos son típicos de la comunidad de Andalucía y ambos tienen un carácter saludable para quien lo toma, pues también comparten los ingredientes principales.

Son comidas con una gran tradición; por ejemplo, los orígenes del salmorejo podrían hacer que tuviéramos que remontarnos hasta el neolítico, aunque es en el siglo diecinueve cuando empieza a cobrar las características que hoy en día lo hacen famoso, una vez que el tomate empieza a llegar con más fuerza desde América.

Quizá el salmorejo tenga una imagen más sofisticada que el gazpacho, pues suele ser más demandado en restaurantes y suele aparecer en más cartas como opción gastronómica. El salmorejo viene por lo general acompañado en su superficie de huevo duro, jamón y aceite de oliva; como variantes, puede llevar agregados gamba roja, sal marina, huevas de trucha o ternera.

Por su parte, el gazpacho tradicional acoge la presencia de alimentos como el pimiento, la cebolla o el pepino, que se añaden a la mezcla previa en la que se bate el tomate y se añade sal, ajo, aceite y vinagre, siendo la miga de pan el último toque distintivo. No obstante, la receta puede variar en función de la zona geográfica donde esta joya de la gastronomía española se prepare. El salmorejo, al carecer del pimiento, puede resultar un poco menos recomendable que el gazpacho en lo que al matiz de ser saludable se refiere, aunque la riqueza alimenticia e ambos platos es incontestable, cada uno con sus propias virtudes.

Restaurantes Chinos de verdad

En muchos casos, los restaurantes chinos no se esfuerzan por llevar a los comensales españoles todas las virtudes y las esencias reales de su cocina más autóctona, sino que se basan en meros estereotipos culinarios expandidos por todo el orbe merced a la inmigración de los asiáticos en Norteamérica.

Si lo que queremos es visitar chinos que de verdad se dediquen a representar la grandeza de su gastronomía, lo mejor será explorar un listado de lugares a los que acudir. Madrid es una ciudad donde podemos disfrutar de ello, con establecimientos como Hui Fon, Rey de Tallarines o Yuè Lái. En Barcelona, en cambio, este prestigio se lo llevan locales como La Olla de Sichuán o La Casa de Xinés. El Bar Sueca, en Valencia; León de Oro, en Bilbao; o Mari Carmen, en Alicante, son otros de los lugares donde se puede disfrutar al cien por cien de la comida que se hace en China.

Y es que, por el mismo precio que se come en un restaurante chino vulgar, es posible disfrutar de la esencia del paladar asiático; suelen ser sitios baratos, aunque la calidad varíe de unos casos a otros. Uno de los secretos para descubrir que el restaurante chino ofrecerá comida realmente deliciosa es, en muchas ocasiones, ver cómo aún conserva el nombre español del restaurante que allí había antes.

Si la decoración de un chino es ya de por sí estrambótico, los decorados de los locales que sí hacen comida china de verdad es aún más exótica y abigarrada, con estucos venecianos, sillas cubiertas de plástico o cuadros de un gusto pictórico y estético más que cuestionable.

Si el restaurante es de esencia china de verdad, sólo habrá si acaso un servidor que domine el idioma castellano; por su parte, los chinos con platos típicos y poco currados suelen estar repletos de camareros que hablan el castellano.