La historia de como Anthony Bourdain, David Muñoz, StreetXO y DiverXO cambiaron mi vida

Anthony Bourdain empezó a fomentar mi obsesión por la gastronomía. Me tragaba programa tras programa de No Reservations en un momento de mi vida en que la comida se había convertido en un “problema”: un conflicto entre disfrutar y sufrir. Bourdain se enfrentaba a la comida como algo divertido y aventurero que suponía no solo degustar con placer cada bocado que se le ofrecía a lo largo del programa, sino que también era una forma de conocer la cultura del país en el que se encontraba y crear lazos con la gente con la que comía. Fue en ésta época cuando Bourdain se convirtió en mi Dios, un época en que mi actitud ante la comida fue cambiando. Pasé de temerla a convertirla en objeto de culto.

En un capítulo de No Reservations Bourdain visitó DiverXO, un lugar desconocido para mí. David Muñoz y Ángela Montero le abrieron las puertas de su restaurante horas después de haber contraído  matrimonio y se lo llevaron de paseo por los sabores de DiverXO. En ese momento no me di cuenta, pero fue la primera vez que veía al que sería mi segundo ídolo de la gastronomía, aquel que como Bourdain, marcaría mi vida para siempre. David y Ángela se veían muy jóvenes pero se podía apreciar el compromiso y el esfuerzo que habían puesto en su proyecto. Aún recuerdo a Bourdain sentado frente a ellos degustando cada plato, bromeando y  sonriendo asombrado al darse cuenta de la revolución que estaba empezando David. Aún tengo grabada esa imagen en mi mente, sin saber que 3 años más tarde tendría la oportunidad de probar sus creaciones. En ese momento era el año 2010, y aunque ya llevaba adentrándome en el mundo gastrónomico de Madrid, aún no llegaba a conocer, ni de lejos, las grandes ligas de la gastronomía de la capital. En ese momento no fui capaz de entenderlo. Eso fue hasta que mis prioridades cambiaron y hasta que llegó StreetXo.

Cuando llegó StreetXo yo ya sabía lo que era bueno, o por lo menos eso creía. Me llamó la atención el rollo de street foodasiática y no podía esperar a probarlo. Cuando por fin fuí descubrí una enorme gama de sabores que no existían en mi registro mental. Fue amor al primer bocado. Aún recuerdo el Saam de panceta y el Chilli Crab. Fue dar un primer bocado y voltear a ver a mi novio con cara de “tienes que probar esto en este momento porque vas a fliparlo de una manera ESTUPENDÍSIMA”. Lo curioso que tiene la comida de David Muñoz es que no solo sabe bien sino que tiene la capacidad de hacerte sentir bien. Causa un efecto en cada persona que te hace sentir que has descubierto un tesoro escondido y te sientes el dueño del mundo. Así de hardcore es todo. Si alguien me dice que no ha comido en StreetXo me levanto y grito: “tienes que probarlo, va a ser la mejor cosa que hayas probado en tu vida”. ¿Lo curioso? Es que siempre estoy en lo correcto y estas personas vuelven a mi y me agradecen de todo corazón el haberlos guiado hacia la 9na. planta de El Corte Inglés. Pero no es solo la comida, es el espíritu rompedor de Rafa, Johnny y de todos los chicos de la cocina y esa música a tope que te entra por las venas y te envuelve. Cada vez que voy sé que estoy en el sitio que pertenezco, no sé por qué, pero es así. Comida que te pone de cabeza de lo bien que sabe, estupendo ambiente, genios jóvenes y trabajadores detrás de la barra poniendo en práctica lo que mejor saben hacer y nada más que hacer que disfrutar y pasarselo bien. Sin preocupaciones.

StreetXo me abrió el camino y fue así como descubrí aún más sobre la cocina de David Muñoz. Me gustó ver a alguien que defendía de una forma tan segura lo suyo. No pretendía ser nadie más que él y se miraba a leguas que se presentaba fiel a sí mismo. Muñoz tiene un talento, un genio que sale a comerse al mundo en sus creaciones y no hay nada mejor que alguien que sabe lo que tiene y lo sabe explotar de una manera completamente inspiradora. Yo cuando sea grande quiero ser tan genial como David, y quiero tener su corte de pelo, claro está.

Preguntaba acerca de DiverXo a conocidos conocedores del mundo gastronómico y todos me decían cosas contrarias acerca del restaurante y su comida.  Con tanta opinión encontrada me era imposible poder concretar una respuesta que me ayudara a decidirme a ir (o no). Nada de lo que escuchaba me ayudaba.

Empecé a trabajar para http://www.plateselector.com/ y después de haber ido tantas veces a StreetXo decidí que era justo y necesario escribir algo sobre ellos. Concreté una entrevista y sorpresa sorpresa venía con David Muñoz incluída. Tengo que deciros que Pablo Sobrino se portó de maravilla para ayudarme a concretar la entrevista, que Rafa contestó super rápido para ayudarme a contactar con Pablo y que todo el equipo de StreetXo nos trató de maravilla. Más majos imposible. No pedí entrevista con David porque obviamente el estaría ocupado y no iba a querer a hablar conmigo, que solo me conocen en mi casa, así que fue todo un placer que me ofrecieran hablar con el. No lo sabía en ese momento, pero ahora lo sé: David y su equipo no le hacen feos a nadie ni se sienten superiores a nadie, en especial de aquellas personas que les muestran su admiración y cariño. El que sean tan cercanos y abiertos con absolutamente todos los medios que se les acercan sin discernir de uno o de otro por la cantidad de fama, seguidores o clicks que tengan me parece la más sensata de las estrategias. No sé si lo han hecho pensando en que así llegaran a más gente y más medios, o tan sólo porque creen que no hay que hacerle feo a nadie, pero funciona. Hay muchos que miran mal, muy mal a los pequeños periodistas que apenas empezamos a abrirnos un hueco y es de agradecer que hayan personas, chefs, y restaurantes que nos ayuden a crecer como personas y profesionales en el medio que más nos apasiona.

Después de mi entrevista con David comprendí que estaba tardando en ir a DiverXo. Comprendí que si me gustaba su propuesta de street food obviamente me iba a gustar su ópera prima. Ambas no son lo mismo, pero ya que había adentrado mi paladar a ese mundo tenía que seguir adelante hasta el lugar donde todo empezó. Me animé y reservé. Me quite los miedos monetarios (gracias a una cuenta de banco que aún tiene unos pocos ahorros fruto de mis regalos de boda el año pasado) e hice una reserva para el día 20 de diciembre para ir con mi esposo. Dos meses esperando y por fin llegó el día. Los nervios se apoderaron de ambos.

Fue llegar al restaurante situado en la calle Pensamiento y empezar a ponerme nerviosa. Nunca había estado en un restaurante con 3 estrellas Michelin (aunque cuando reservé era un 2 estrellas, así que más nervios aún). Sabía e intuía que no iban a ser estirados ni bordes así que eso me relajaba. Nos llevaron a nuestra mesa en el fondo de la sala y empezó la función. No os descibiré los platos, ni los ingredientes, ni os pondré fotos (vale venga solo una), ni os contaré nada sobre el servicio ni la comida porque si lo sabéis todo os jodo todo. De verdad, el factor sorpresa en DiverXO es FUNDAMENTAL, así que me tendré que quedar en las descripciones abstractas. Solo os diré que es una experiencia gastronómica global como ninguna otra. Me llevó al cielo y al infierno (pero al infierno del bueno, al que van los genios de la música y la literatura) en un mismo instante, una y otra vez. Me retorcí en la silla de placer, a pesar de las miradas de una pareja que tenía enfrente que lo debieron de flipar conmigo y mantuve el silencio mientras degustaba los platos porque el hablar me hacía perder tiempo de los sabores que se descubrían en el interior de mi boca. Crucé mil miradas de complicidad con mi esposo mientras comíamos, hablábamos sin hablar coincidiendo en que estábamos viviendo el mejor día de nuestras vidas. Todo fue redondo e impresionante, creo…creo… que en reallidad nunca pasó y que todo fue un sueño. Creo que fue así, porque fue perfecto.

El punto es que al salir de DiverXo comprendí todo. Todas mis experiencias, la entrevistas con Bourdain, con David Muñoz, mis visitas a StreetXo y su concepto, los platos que acababa de probar, los camareros de sala y los chefs: todo cobró sentido en mi vida y se cerró como un círculo perfecto. Había llegado a la respuesta de todo. Pasado, presente y futuro se cobraron sentido tras esa comida.

 

David Muñoz, Ángela Montero y todo el equipo que los rodea han venido ha cambiar las cosas y nos hecen sentir a los jóvenes apasionados del buen comer como que somos parte de algo. No somos parte de su equipo, ni hemos estado con ellos desde sus inicios, ni hemos creado junto a ellos, pero nos sentimos identificados con personas que han venido a decirle al mundo de la gastronomía que hay cabida para todos. Han acercado el mundo de la gastronomía a un público que tenía ganas de guerra de sabores, texturas y de aventuras culinarias. Nos va el peligro, nos va la música, nos va la diversión y por fin alguien nos ha escuchado.

 

Larga vida a vuestro mundo por abrirnos sus puertas y decirnos que somos bienvenidos.

Hasta junio las catas de Jameson Place en Malasaña

El año pasado me lo perdí, así que este no iba a cometer el mismo error. Por segundo año consecutivo Jameson Place abre sus puertas en un local underground situado en pleno barrio de Malasaña creado específicamente para todos aquellos a los que les apetezca conocer un poco más acerca del mundo del whiskey. El embajador de la marca en España, Dave Lynch, será el encargado de daros las premisas básicas para que entendáis de donde viene Jameson y como se hace, a la vez que os dará la oportunidad de catar y ver las diferencias entre el whiskey Jameson, un whisky americano y uno escocés.

A mí cada vez me interesa más saber los diferentes tipos de bebidas espirituosas que hay por ahí porque cada vez que salgo, después de unas cuantas cervezas o unos cuantos vinos, entro en el dilema de: ¿y ahora qué me tomo? Un ron cola me huele a la resaca que voy a tener al día siguiente, aparte de que me parece una bebida demasiado dulce no me resulta agradable. Es entonces cuando pienso en pedirme un gin tonic pero mi mente me dice ¿ooootra veeeeez? ¿Vodka? No no, que me vienen flashbacksde mi adolescencia cuando me bebía destornilladores a mansalva. Preguntadle a algunos camareros que me conocen, siempre me cuesta escoger que beber y vuelvo locos a todos con recomendaciones.

Desde hace poco descubrí que tomar un buen whiskey y un gran whisky (ya os explicará la diferencia Dave) es absolutamente delicioso, por lo que suelo pedirlo cuando la ocasión lo pide. Al principio beberlo sin mezclarlo cuesta ya que puede saber demasiado fuerte si no estás acostumbrado, pero poco a poco le vas encontrando el punto, los sabores y aromas que te hacen querer repetir. Además, veréis que sienta mucho mejor. Mi madre no bebe, pero cuando lo hace se bebe un buen whisky solo y así se evita una buena resaca. Las madres son sabias. Así que yo sigo el ejemplo.

¿No sois fans del whiskey solo? No os preocupéis, al terminar la cata os darán un cocktail hecho con Jameson, lima y ginger ale que gusta a cualquiera de lo bueno que está. Id y probarlo, ya veréis que tengo razón.

Ekotrade. Comida naturalmente buena

Ekotrade es una empresa que se especializa en productos ecológicos y hace un par de semanas me invitaron a un desayuno ecológico en Crumb (¡oh mi Dios qué pan!) para enseñarme sus productos y darme consejos para que mi alimentación tome una dirección más sana.
Si sois como yo será muy difícil dar un vuelco completo a vuestra vida para comer de forma 100% ecológica, y probablemente tampoco os interese. Lo que sí creo es que por lo menos hay que prestar un poco de atención a los ingredientes que componen los productos que compramos a diario, y a ser posible, hacer pequeños cambios para reemplazar algunas cosas por otras más sana.

Cuando compraba bebidas de soja me fijaba en que no tuvieran nada de azúcar ya que muchas de las que hay en el mercado tienen como segundo ingrediente al azúcar. Lo mismo con los zumos, siempre intento hacerlos en casa porque los de los supermercados me saben demasiado artificiales. Echarle un vistazo a la etiqueta cuando compréis zumo, fijaros en el porcentaje de zumo natural de fruta que lleva: os vais a quedar boquiabiertos al ver que lo que estáis tomando es prácticamente azúcar, pura y dura. Tampoco pasa nada por esto, siempre y cuando seais conscientes de lo que os estáis o de su horchata de chufa, los cerrajeros valencia baratos están que se tiran de los pelos.

El precio es siempre un detalle por el que muchas personas no damos el salto a comer de manera ecológica de manera habitual, pero hay algunos productos de cerrajeros Tarragona con los que me quedé fascinada y los cuales pienso comprar cuando pueda.

El aceite de coco me dejó fascinada. Sirve para todo: como mascarilla en el pelo, hidratante de cara, para cocinar. Es el único aceite que no pierde sus propiedades al calentarse y las celebrities americanas están encantadas con él ya que es compatible con varias dietas. Lo probé untado en una tostada y estaba delicioso, una excelente y sana opción si queréis sustituir la mantequilla o el aceite de oliva.

Los Superalimentos son una pasada. Conozco a gente que los ha tomado y que han obtenido los beneficios después de tomarlos durante un tiempo prolongado y de manera regular, por lo que tengo muchas ganas de probarlos. Están hechos para equilibrar todos los aspectos de la vida; mejorar la salud, incrementar los niveles de energía, mejorar y mantener la inmunidad, combatir el stress, mejorar la función cardiovascular, reducir el colesterol LDL “malo”, aumentar el consumo de oxígeno, etc. Seguramente habrá uno que se adapte a vuestras necesidades.
No me voy a volver completamente eco, pero sí que les daré una oportunidad a algunos de estos productos para acoplarlos a a oferta diaria de mi refrigerador. No pierdo nada, y gano mucho.

Typical Spanish: Bocadillo de Calamares

Qué hay más típico que pasearte por Madrid y hacer un par de visitas culturales por la capital de España… pues hay algo más típico aún y es que si algo se sabe de Madrid es que hay que aprovechar para comer uno de sus extraños manjares de siempre y es que aunque la ciudad esté en mitad de la Península tiene unos productos del mar de primera calidad, de ahí que la gente aproveche para tomar platos típicos de otras regiones como los pescaítos fritos andaluces o pulpos dignos de Galiza Calidade. Pero a lo que vamos, el bocadillo de calamares es un clásico y aquí os dejo por ejemplo con:

¿Dónde comerlo?

  1.  Para ser el turista por excelencia y hacer una clasicote madrileño hay que ir a La Campana (c/ Botoneras, 6).
  2.  Aún mejor está el del Bar Postas (c/ Postas, 13).
  3.  Casa Toni (c/ Cruz, 1) se une a mi top de bocadillos de calamares por ser los más majos y los que lo hacen con más amor.
  4.  Rompiendo esquemas y ganándose a cualquiera tenemos el Bocata de Calamares de StreetXO (9a. planta Corte Inglés Callao): hecho con bizcocho de curry al josper, emulsión de trufa fermentada y ketchup de tamarillo. Se come con las manos embarrándote todos los dedos y chupando cada gota con prisa para no desperdiciar ninguna.

Bolero Meatballs. Calle de las Conchas, 4

Albóndigas de pollo, ternera, veganas y de cerdo con salsas como la hecha a base de verduras y tomate de “La Abuela”, la “Oriental” con cacahuetes y leche de coco, y la de champiñones que suele servirse acompañada de rodajas de queso parmesano. Todo esto en medio de un bocadillo o servido por sí solo para cenar, comer o merendar en el nuevo y recién estrenado Bolero Meatballs. Situado a un paso de la Pza. de Callao entre el turisteo y baretos de toda la vida sus dueñas, May y Nina se han aventurado a poner en las albóndigas todos sus sueños y aptitudes.

May y Nina son las chicas más majas y adorables en la faz de la tierra, por lo que ir a comerse un bocadillo a Bolero se convierte en una visita que no sólo llena el estómago sino que también llena una amistad con las chicas detrás de la barra.

Para acompañar los bocadillos puedes pedirte unas patatas horneadas o un arroz pilaf. De postre una galleta casera con cacahuete y helado, Brownie o Banana Bread. Todo hecho por ellas desde cero.
pd: no hagáis caso de las fotos con patatas fritas… ya no las sirven (ahora las hacen totalmente caseras y al horno)

Comala. Plaza de la Lealtad, 3. Madrid.

Amo, adoro e idolatro a Abraham García y por supuesto que cuando me enteré que había abierto una taquería corriendo fui a probar lo que había creado. No iba con expectativas de que fuera a ser un Viridiana o the next best thing con respecto a la gastronomía mexicano-española de la capital, pero esperaba algo rico, bueno y sabrosón. Y no.

El local se encuentra muy cerca del castillo de la fusión que es Viridiana, justo al lado de La Bolsa y el Hotel Ritz y de un sitio que me abrió uns cerrajeros Castellon. El ambiente que se respira es bastante pijo y formal, un poco estirado porque al fin y al cabo el rollo que se lleva cuando te sientas a comer es de picoteo informal.

La comida me dejó super triste porque amo al señor Abraham y me dio mucha pena ver que la comida no estaba a la altura de un restaurante cualquiera, menos de uno que dice que lleva el respaldo y experiencia del chef.

Empezamos con un Ceviche de Gambón (pasado por la plancha) que nos lo trajeron un minuto después de habernos tomado nota. Hmmmmm. El plato estaba helado (seguramente por eso salió tan rápido… del frigo) y tuvimos que pedir sal e hincharlo a las salsas que nos sirvieron de acompañamiento porque estaba soso.

El gambón era pequeño, el aguacate era en realidad una masa que se comía todo el plato confundiéndose y fundiéndose con el boniato llegando a formar algo similar a un puré en la boca.

Hasta aquí el servicio sonriente y atento.

Luego nos pasamos a la Tortilla de Trigo con Ropavieja. El plato (8€) trae dos tortillas grandes y fue el único plato que salvaría de todos los que probé. La Ropavieja jugosísima.

Después nos trajeron la Sartén de huevos con Tomatillo y Chanquetes. Un plato muy aburrido, sin sabor, sin punch sin pasión. Sin sal, sin gusto, sin nada. Unos huevos, chanquetes fritos y una salsa de tomatillo. Nada más.
Y para terminar nos trajeron un Chile Relleno (super mega seco). Pedí que nos cambiáran los platos y nunca llegaron, así que tuve que comérmelo todo en el mismo plato en que me lo sirvieron. Pedí una cerveza y me la llevaron cuando me quedaban dos bocados para terminar el plato. Acaba de abrir y el problema no creo que sea la falta de rodaje porque el servicio puede mejorar pero los platos no tienen potencial para ser mejorados. No sé por qué me da la impresión de que Abraham diseñó la carta y ha puesto su imagen pero que más allá de eso no tiene mucha “mano” dentro de este negocio. Espero mejore y que al final sea todo un éxito, porque a Abraham no le deseo nada más que cosas buenas.

Pagamos 53 euros por dos personas con 3 cervezas (solo tienen cervezas Modelo, Urquell y cocktails. Nada de Micheladas).

The Good Burger. Calle Fuencarral, 105 en c/ Mayor y c/ Gran Vía.

¿Fast food de calidad? YESSSS.

Puede asustar enterarse que The Good Burger es una cadena de hamburguesas de los mismos dueños de 100 Montaditos y La Sureña pero lo curioso es que TGB se lo ha montado con calidad, por lo que no hay nada que temer. Estaba un poco reacia a ir al sitio al saber que era una cadena pero me sorprendió de buena manera probar el producto que tanto se han currado.
Yo no me atrevería a comparar a TGB con ninguna cadena de rollo años 50 ni con ninguna de las dos cadenas americanas con más presencia en España, creo que de momento no hay nada en España bajo este concepto que sirva para “describir” a las hamburguesas. En todo caso, si hay que compararlas con algo lo haría con las deIn -n- Out Burger (California), en mi opinión las mejores hamburguesas en versión fast food.

El pan de todas las hamburguesas se fusionan sin deshacerse y sin que se te caiga toda la hamburguesa por todas partes. Cuando piensas en como debería de ser una estupenda hamburguesa en un lugar de comida rápida y el placer que esperas obtener cuando la compras siempre termina con una sensación de asco tras ver la carne congelada entre el pan, el desmoronamiento de todo ello entre tus manos y la visión de una lechuga pálida y un tomate triste. Ahí reside el encanto de TGB. Las hamburguesas están frescas, jugosas y la sensación después de comértela no es “aghhhh estoy petada que asco me doy por haber comida fast food”, sino que es “YUUUUUM que buena estaba quiero otra”.
Los precios rondan entre 2,5 y 5 euros: Pulled pork (sabrosísima), Orgánica (pan de pretzel), de Pollo con bacon (el bacon está en su punto manteniendo el sabor y la jugosidad) o la Clásica. La carne jugosa y tierna. La lechuga fresca. Me comía unas cien de cada con una de sus cervezas Paulaner o Guiness. I´ll be back.

Restaurante Coreano A ri rang (Madrid)

Este sábado me levanté con una leve resaca que me pedía a gritos un banquete digno de reyes. Para mi el tema de la resaca es algo muy serio poque si no como lo que el cuerpo me pide esa resaca se convierte en pesadilla. Además, una resaca es la oportunidad de oro para ponerme fina a comer pensando en que esta justificado comer como si no hubiera mañana. ¿Por qué está justificado? Hmmmm…. ahí me habéis pillado.

Había pasado alguna que otra vez por la calle de La Bola 12 y había visto un coreano restaurante ¿nuevo? pero no me había puesto manos a la obra con el. Decidí que este era el día y después de ver el menú que tienen en la puerta avisando de que puedes comer todo lo que quieras por 16,50 dije ¿y por qué no?
Al entrar vimos que todas las mesas estaban llenas de familias coreanas y de adolescentes coreanos que venían a pasar la tarde tragando como nosotros.

Nos sentaron y nos preguntaron si sabíamos como iba la cosa:
En una hoja de papel vas apuntando los platos que quieres en cada ronda. Nosotros eramos dos por lo que teníamos derecho a 3 rondas y a 6 platos en cada ronda. Aparte de los platitos (gratis) con kimchi, pepino, espinacas y brotes de soja pedimos: Dumplings, Panceta marinada y Entrecot para cocinarlo a la parrilla y luego hacerlos un rollito con hojas de lechuga (Ssam), Gambas en tempura y Brocheta de cordero con sésamo.

Con 2 cervezas y una Fanta (best resaca medicine ever) salimos a 20 euros por persona. Volveré oh yes.

A vueltas con el gin tonic

La semana pasada fue intensa. Viajé a Bilbao a ver a unos familiares y nos pusimos a degustar gin tonics. He realizado un trabajo minucioso a todas horas y repartido en varios días: desgraciadamente tengo que decir que me queda mucho para poder llegar a una conclusión definitiva.
Una de las jornadas fue Raffles Vs Bulldog; ambas combinadas con Fever Tree y rodaja de manzana verde. La manzana verde estaba cortada en gajos y con la piel.
La Fever Tree levanta pasiones, lo que puede observarse en este post y los comentarios vertidos en él. A mí, personalmente me encanta y me ha redescubierto el placer del gin tonic. Que conste que también he probado la Q-Tonic (pero sola) y me ha parecido un poco floja de sabor, pero aún no tengo una opinión suficientemente formada.

La Raffles es una clásica ginebra de corte inglés de doble destilación, muy seca, con un aroma que es puro enebro destilado y con una buena relación calidad precio; con ésta no se equivoca uno.
La Bulldog la encuentro en boca mucho más dulce, algo más cara (cuádruple destilación) y con una presentación muy atractiva (¡ese sector premium!), pero el gin-tonic no me acabó de convencer pues no mejoraba a la Raffles, aunque para otros esforzados participantes fue la mejor de la jornada.
Al día siguiente comida en el “Alborada” y sobremesa digestiva: en este caso fuimos a Citadelle, Fever Tree y rodajas de manzana en rodajas horizontales sin corazón y sin piel, y creo que la manzana era tipo golden; en cualquier caso, un acierto total. A estas horas ya no teníamos ni llaves de casa y pensamos en llamar a los cerrajeros 24 horas Bilbao.
Tengo que admitir que esta ginebra francesa, de corte holandés (más información sobre los tipos de ginebra aquí), muy aromatizada es absolutamente es-pec-ta-cu-lar. La Citadelle, dentro de sus múltiples virtudes como bebida, ha sabido dotarse de una distribución muy conseguida en el mundo de la hostelería, y es la ginebra premium por excelencia en España, a pesar (o por ello mismo) de su alto precio.
Fueron los mejores gin tonics de las jornadas; fantástico el ambiente del Alborada, la tranquilidad, el trato y la selección de puros del local. Después de probar muchas ginebras vuelvo a la Citadelle como un amante arrepentido, incapaz de la monogamia ginebril. La Citadelle es increíblemente dulce y aromática, sin llegar a los extremos de la G´Vine -para mí alabada en exceso y demasiado cara-.

Alargando la comida en demasía llegamos a la tarde-noche con combinación de Martin Miller´s, Fever Tree y rodajas de lima que, no sé si por exceso de trabajo o por la lima, me dejó un tanto insatisfecho; en ocasiones me han comentado que la Miller´s no combina bien con los cítricos: es posible.
Acabé absolutamente exhausto. Espero que haya valido la pena.

Restaurante “A fábrica” (Santa Cristina, La Coruña)

Cerca de la playa de Santa Cristina, en el municipio de Oleiros, se encuentra esta antigua fábrica aparentemente rehabilitada. Dentro de sus muros hay un edificio reformado y moderno que se utiliza para restauración: “A fábrica”. El edificio está enclavado en el pequeño paseo con traviesas de madera que se ha construido en la margen oleirense de la Ría do Burgo. Allí, una terraza con mesas vuela sobre la ría, en un ambiente agradable para los días soleados.
Edificio de
El restaurante, propiamente dicho, se encuentra en la planta superior del edificio, mientras la inferior se dedica a cafetería, que hay que atravesar para llegar al comedor. El entorno está trabajado, aunque no sé por qué, no llega a ser tan agradable como podría; puede que sea la ventilación del local, algo escasa para tanta superficie acristalada o tal vez sean las ventanas demasiado altas y que no permiten disfrutar al 100% de las vistas. El comedor , por otra parte, no tiene espacio para demasiadas mesas. En cualquier caso, el local apuesta por un estilo novedoso, al menos en la zona.
El problema es la comida: la carta no es demasiado extensa y no emociona lo más mínimo. Nos lanzamos a compartir unas croquetas caseras y unas setas a la plancha con rulo de cabra: no estaban mal, ya que no es que tenga mucha complicación, pero ambas eran bastante ordinarias.
De principal nos inclinamos ambos comensales por dos lubinas salvajes a la plancha, fuera de carta. Una buena lubina siempre es interesante, que en este caso eran piezas pequeñas -tal vez no de piscifactoría, como insistió el camarero- pero de tamaño mediano al fin y al cabo; nada que ver con lo que puede degustarse en lugares como “El Refugio” o “La Iebolina” por poco dinero más. Además estaba demasiado cocinada para nuestro gusto.
No me quedaron ganas de volver, aunque no puedo decir que nada estuviera malo; el local es agradable y perfecto para tomar alguna copa en la terraza una tarde de verano, pero poco más. Los empresarios de hostelería deberían recordar que la base de un buen restaurante es la buena cocina y el buen servicio. Ambas cosas son muy mejorables aquí. Una pena, porque el sitio es fantástico.